Hace unos días no podía dejar de pensar en esas trivialidades de las que estábamos acostumbrados a conversar, se lleno mi mente, se nublo por así decirlo. A veces jugaba a conocerte, a preguntar lo que ya sabía y simular que era nuevo para mí, para poder compartir un rato más, pero todo tiende a extinguirse.
Me enseñaste que no importa el motivo sino el empeño que le pongas, eso es la verdadera importancia. Alguna vez, jugando quizás, me dijiste que no planeara las cosas, que hacer planes era apostar a la desilusión por su posible incumplimiento y que talvez, siempre un maldito talvez, no pasara simplemente nada de lo que planeábamos.
Y así fue, nos llenaron las bases, la botaron en el noveno y sin ventaja para cumplir tal demanda. Las estrellas se apagan, el fuego se extingue y los sueños se vencen… posiblemente esa sea la mejor lección que alguna vez no me diste. No me enseñaste verdaderamente lo duro que podía ser la realidad o lo fría que podían ser las noches.
Siempre creímos que el mundo daría vueltas sin parar, pero este frió diciembre paro dos veces y nunca dijiste que eso podía suceder. Mantengo la tonta ilusión de que tú no lo sabías, pero algo muy dentro de mí, me dice que esto ya lo tenías previsto, esto de que me sintiera perdido, fuera de lugar y demás.
Pero la vida es así de incierta, realmente nunca he podido sonreír sin aquella duda que alguna vez te conté. Pero no me siento bien para hablar de ello, recuerda que siempre he podido hablar después de la segunda botella y esta, qué es la primera, solo me habla de ti.
Si, de ti, de mi, de todo lo que hicimos y lo que no, de lo que me atreví a decir, de lo que te atreviste a hacer… habla de todo aquello que pasamos, lo bueno que siempre fue bueno y lo malo, justamente aquello malo a lo que siempre sacaste una sonrisa.
A pesar de todo, divago en mis palabras, no soy objetivo, no tengo un motivo para escribirte, pero es que no hace falta… ya no es como antes que una llamada podía abarcar una tarde o una noche, donde escucharte era irme de este mundo y entrar en el tuyo, además de ser solo tuyo, tuyo como nunca nadie supo ser.
Lo que pasa es que mis palabras ya no valen, ya no cuentan para ti… ahora son de esas que sueles leer para pasar el rato… esos versos con los que alguna vez te conquiste, ahora están en gavetas, inundados de polvo, al igual que ese amor que jurabas, dabas y ahora empeñas por tus calles gastadas, donde nadie sabe apreciarte, nadie te trata como un diamante.
Recuerda siempre qué el oro también se ensucia querida, puede durar una vida pero no de la misma manera, aunque para mi siga valiendo lo mismo, ya no es igual que en aquella vitrina, allí en casa donde te solía tratar como la porcelana más preciada, como el pedazo de vida mía que llevas en tu maleta a donde quiera que tú vayas.
jueves, 30 de diciembre de 2010
A donde quiera que tú vayas
Publicado por DnL_Páez en 20:52
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